Decía Teilhard de Chaldrin que, en la escala de lo cósmico, solo lo fantástico tiene posibilidades de ser verdadero. Y tan proverbial resultó ser su reflexión que son, hoy ya, un buen número de físicos –hemos escrito "físicos", si- los que han incorporado dentro de su vocabulario palabras como "supercuerdas", "agujeros de gusano", "mundos paralelos"... La mecánica cuántica y la relatividad parecen demostrar el fracaso del orden mecanicista y explican que nuestro universo, tan inconmensurable como nos parecía y sin que apenas hayamos comenzado a descubrirlo, sería como una "burbuja" coexistiendo con otros universos.

La sola idea de un "multiverso", incrustado dentro de "once dimensiones", y mostrando unas realidades moldeables y, por supuesto, más complejas de la que perciben nuestros limitados sentidos, nos obliga a desplegar nuestra mente, no digamos nuestra imaginación... La "vida" podría ser "sueño" y los "sueños, "realidad", y todo cuanto nos sucede podría ser oasis ficticios de una conciencia, la nuestra, que está en otro lugar... Y es que algunas cosas no son como nos parecen: Hace mil años creíamos que nuestro universo terminaba en Saturno. En el mundo material las cosas están separadas espacialmente, pero nosotros no lo hemos sabido hasta hace poco porque percibimos su solidez.


Legendaria Avalon, sumergida en brumas y maravillas, isla del reino de las Hadas, del helénico Jardín de las Hespérides, el lugar donde son portadores de eternidad, Arturo, Morgana o Merlín; donde habita escondido de los hombres el Santo Grial... Mítica Avalon, al igual que Shambala o Agarta, lugares mágicos por excelencia, lugares de paso a universos prohibidos . Tal vez, algún día, tus brumas se disipen y podremos acceder a la realidad. ¿Pero qué realidad? No lo sabemos. Quizás no lo sepamos nunca. Hoy, de momento, hay quien piensa, físicos incluidos, que el Universo está empezando a parecerse más a un gran pensamiento que a una gran máquina.

martes, 17 de noviembre de 2009

¡2012!... y cinco mil millones de años más.


Por algún extraño motivo y desde que el ser humano tiene uso de razón, siempre ha imaginado como será el fin del mundo. A todos nos ha venido a la cabeza la idea de que un meteorito destruya el planeta, que un virus letal contamine todo lo que se mueva o que una invasión alienígena aniquile la raza humana. El fin del mundo se ha convertido en un arquetipo. La temática apocalíptica o el llamado “arquetipo del fin de los tiempos” ha sido, y será, una constante en la vida de la civilización. No podemos desprendernos en nuestro inconsciente del último, crucial e irrepetible momento de la humanidad.

Acabo de ver 2012. No me voy a quejar, me lo he pasado en grande, no me he aburrido y he conseguido evadirme de la realidad durante 150 minutos, ¿acaso no es eso el cine? . Pero los mayas no sabían cómo ni cuándo será el fin del mundo. Nosotros, los habitantes del siglo XXI, si. ¿Cuándo será?: dentro de 5000 millones de años. Es cierto que nosotros podemos acelerarlo: una mirada al momento presente refuerza esta idea. Pero el 2012 tiene las mismas posibilidades de poseer el dudoso privilegio del Apocalipsis como el 2014, el 2025, ó el 5118. Cualquier año puede servir.

Dentro de 5000 millones de años, nuestro planeta no escapará, al igual que todos los demás, a su destino. La Tierra acabará en un mar de llamas. El Sol, ha transformado ya cerca del 10% de su hidrógeno en helio. El calor que es capaz de irradiar varía, en efecto, en razón directa del cuadrado de su radio. Cuando mayor sea este, más débil será la temperatura de la superficie solar para un mismo índice de combustión termonuclear en el corazón de nuestra estrella. El calor se "evaporará" en concepto de radiación.

Nuestro astro del día, que estamos acostumbrados a ver como de un tamaño aparente, aproximadamente similar al de la Luna; poco a poco, iría adquiriendo dimensiones más o menos impresionantes. Dado que el calor que recibimos de él; varía, a su vez, en razón directa al cuadrado del radio solar; cuando el Sol hubiera alcanzado dos veces su radio actual, recibiríamos aquí, en la Tierra, cuatro veces más de calor. Esto bastaría para hacer hervir todos los océanos; es decir, que nuestros descendientes, si los hay, tendrán grandes dificultades para sobrevivir.


Pero sigamos. La temperatura tenderá a subir cada vez más rápidamente. Dentro de 5.000 a 6.000 millones de años, a partir desde hoy, el Sol tendrá un diámetro de 200 a 300 veces mayor que el actual. Esta expansión le permitirá alcanzar con sus llamaradas periféricas los planetas Mercurio, Venus y, probablemente también la Tierra. Estos planetas engullidos por el Sol, serán literalmente vaporizados.

Posteriormente el propio núcleo central de helio subirá peligrosamente de temperatura. Muy pronto, alcanzará más de 100 millones de grados. A semejante temperatura el helio - que hasta ese momento permaneció inactivo - comenzará a transformarse en carbono, oxígeno y neón, con gran desprendimiento de energía. En otras palabras: en ese momento no solamente arderá el hidrógeno en las capas periféricas de este Sol, ya gigante, sino que también arderá el helio en el corazón del astro.

Es a partir de ese momento cuando los acontecimientos se precipitarán, desarrollándose más deprisa; concretamente en algunas decenas de millones años, el Sol acabará sus días como una inmensa tea, igual que una vela encendida por ambos cabos. Todo el carburante - hidrógeno y helio - terminará por ser consumido, las reacciones nucleares cesarán, el Sol se desinflará y entretanto, se enfriará a gran velocidad. Muy pronto recuperará su antiguo volumen, para después ir contrayéndose, todavía más. En la superficie la temperatura todavía alcanzará algunos miles de grados, y las fuertes densidades harán que en el interior las temperaturas aún sigan siendo enormes, alrededor de varios centenares de millones de grados en las zonas centrales.

Pero la radiación ya no volverá jamás a cruzar el astro, para ganar la periferia e irradiar calor. El Sol se habrá convertido, por fin en una "enana blanca", o sea, en una de esas centenares de estrellas muertas que se distinguen en determinadas regiones de nuestra galaxia. Porque si la muerte del Sol no ha de tener lugar hasta dentro de varios miles de millones de años, otras estrellas ya concluyeron su existencia.

Así será el fin del mundo dentro de 5000 millones de años. Y dentro de tres, pasado el 2012, se dejará de hablar de este año y del calendario maya, tal como se hizo antes con la gran alineación de 1982, con el 1999 de Nostradamus, con el “efecto 2000” en ese año. En el futuro los años elegidos para la especulación, la discusión y el cine, serán el 2019 debido el paso del cometa NT7, el 2036 también por su acercamiento a la tierra del cometa Apophis. Después, no faltarán otros.

Hay quien piensa que el fin del mundo le sucede a cada uno con su muerte. Yo pienso que no, No importa saber que uno no estará ya vivo cuando ocurra; porque aún así, queremos saber cómo y de qué forma se desencadenará. También deseamos que “alguien” sepa que hemos existido, que todo cuanto vivimos y experimentamos sea conocido por “alguien más” en el universo. Tal vez sea esa la razón de que vivamos permanentemente pensando en “fines del mundo”.

La tentativa de datar el fin del mundo es una herencia de todas las religiones orientales, también de nuestro inconsciente colectivo y de la cual no podemos desprendernos. Queremos ser testigos de ese dramático y trascendental momento. Somos así de egoístas, no queremos morirnos sin saber cómo y cuándo acabará todo. No queremos trasladar ese " privilegio" a nuestros lejanos nietos. Por ello ahora nos hemos obsesionado con el 2012. Sucederá lo mismo cinco mil millones de años más.



Manuel Capella

viernes, 16 de octubre de 2009

¡OSCURIDAD!


Quizás sea porque recientemente he estado leyendo algunas cosas sobre la "Energía Oscura" que compone el 70% del Universo y sobre la cual no dudaba en afirmar recientemente el astrofísico español Miguel Ángel Sabadell: "y es que ni tan siquiera la entendemos". O quizás porque ya hace tiempo me intrigó esta cuestión viendo a Carl Sagan en uno de los episodios de la serie Cosmos, o porque acabo de ver la película Moon, la cual recomiendo a los amantes del género. El caso es que, últimamente, ando bastante intrigado con esto de la "energía oscura" y la materia oscura" del universo.

"La Oscuridad" es la ausencia de luz, eso lo tenemos claro todos. Pero tengamos claro también que "La Oscuridad" es el estado natural de cualquier espacio en el que no hubiese cosa alguna, es decir: de un espacio vacío. Si no hubiese astros en el Universo todo estaría a oscuras, si no existiese nada que desprendiera luz la oscuridad sería total y absoluta. Nuestro Espacio sería un constante e interminable vacío negro, un eterno mar de oscuridad.

Pero nuestro Universo es más extraño de lo que podemos imaginar, y eso que sobre él se pueden imaginar muchas cosas. Todo comenzó en 1933 cuando el astrónomo Frtiz Zwicky descubrió que en los cúmulos de galaxias había más materia que la que se veía en forma de estrellas y nebulosas. Observaciones posteriores demostraron que hay diez veces más de materia que no se ve -de ahí el apelativo de "oscura"- que de materia luminosa. Y lo peor de todo: no es del tipo que conocemos. La materia oscura está hecha de algo diferente a los átomos y partículas subatómicas con los que jugamos en laboratorios y aceleradores de partículas.

En diciembre de 1997, el telescopio espacial Hubble detectó un tremendo fogonazo procedente de 10.000 millones de años atrás: se trataba de la explosión de una supernova en una lejana galaxia elíptica. Si lo que se deducía de las observaciones astronómicas era cierto, y todo parecía indicarlo así, las dos terceras partes del universo estaban conformadas por "una energía oscura” que funciona, a grandes escalas, como si se tratara de una gravedad negativa, como una fuerza repulsora cósmica.

Se ha demostrado que la expansión del Universo se está acelerando. Si esto sucede, es que hay "alguien" que empuja, que recibe el nombre de "Energía Oscura". Lo peor no es que no sepamos qué es esa "Energía Oscura", es que ni tan siquiera la entendemos. El llamado "modelo de concordancia" del Universo dice que en él hay un 55% de materia ordinaria, de la que estamos hechos nosotros, los planetas y las estrellas; un 25% es "Materia Oscura" y un 70%, "Energía Oscura". No se debe confundir la "Energía Oscura" con la "Materia Oscura", ya que aunque ambas forman la mayor parte de la masa del Universo, la "Materia Oscura" es una forma de materia, mientras que la "Energía Oscura" es un campo que llena todo el Espacio. O sea, que no tenemos ni idea de lo que está hecho el 95% del Universo. 

¿Puede existir algún tipo de vida o pensamiento en esa Materia Oscura?. Probablemente no, ¿pero cómo contestar a ello si ni tan siquiera la entendemos?. Sin embargo, de ella depende que el final del universo sea un implosión o, al contrario, una dilatación y expansión permanente y sin fin. Casi nada.

Así que, amigo lector, esperemos a ver que nos va diciendo la Ciencia. Veamos la luz como algo tremendamente hermoso. Mejor conformémonos con las molestias de esta luminosidad hiriente a nuestra vista de este verano que se nos ha ido. Coloquémonos nuestras gafas de sol y salgamos a la calle a disfrutar de su luz. Porque, ¡y no exagero amigo! tú y yo... y todo cuanto vive en el Universo, somos la excepción en él, somos una ínfima minoría portadora del privilegio de haberle arrebatado un trocito de su reino a los dominios de la Oscuridad. Así como suena.

Manuel Capella
http://www.manuelcapella.net

martes, 22 de septiembre de 2009

El Viaje de Said



Premio Goya 2007 Mejor Cortometraje de Animacion
Director: Coke Rioboo

Cortometraje musical de animación de plastilina que narra la historia de un niño marroquí que cruza el Estrecho. Al otro lado, en el país de las oportunidades, descubre que el mundo no es tan bello como le habían contado.

sábado, 29 de agosto de 2009

VIAJE A LOS NÚMEROS




Amigo lector, te invito a que hagamos un viaje apasionante. No iremos a ninguna galaxia situada a miles de años luz, ni a ningún universo paralelo, ni hacia atrás en el tiempo, ni dentro de un ovni. Puede que, incluso, se trate de algo más fascinante que todo lo anterior. Haremos un viaje a "los números".

Cualquiera de nosotros no tendría ningún problema en imaginarse lo que es un metro, un kilo o un litro. Sin embargo, puede que empecemos a tener algún problemilla con un milímetro, y no digo nada si nos hablan de milésimas de miligramo. El asunto se pone peliagudo si se nos empieza a hablar de mil millonésimas o de trillones.

Entonces, hagamos una cosa: Para hacernos una idea del significado de los números, lo mejor es asociar a cada número, sea grande o pequeño, una imagen. Así que ahí van primero unos pocos ejemplos de cosas pequeñas.

Un milímetro es aproximadamente el radio de una grano de pimienta. Una millonésima de metro: la mitad de la cabeza de un espermatozoide. Una mil millonésima de metro: el radio de una bacteria típica. Una billonésima de metro: el radio clásico del átomo más abundante del universo: el hidrógeno. Una mil billonésima de metro: más o menos, el radio clásico del electrón.

Pero ahora iniciemos el proceso contrario: contemos hacia arriba... y podemos encontrarnos con lo siguiente: Mil: el número de rayos que caen sobre la Tierra en un minuto. Un millón: ¿A quién no le gustaría tenerlo de sueldo cada mes?. Mil millones: la cadena de comida rápida McDonalds ha vendido cien veces esta cifra de hamburguesas. Puestas una al lado de otra, podemos dar la vuelta a la Tierra con ellas 200 veces y, después, ir y volver a la Luna tres veces. Y aún nos sobrarán números.

Pero sigamos... Un billón: si contáramos a una velocidad de cinco números por segundo, tardaríamos 6.000 años en llegar a esa cifra. Mil billones: cuando la población sobre la Tierra llegue a esa cifra, ya no podremos sentarnos. Para caber todos tendremos que estar de pie. Un trillón: es la cantidad de palabras y sonidos que los seres humanos hemos emitido desde que aparecimos sobre el planeta. También es, en promedio, el número de granos de arena de cualquier playa.

Mil millones de cuatrillones de cuatrillones de cuatrillones de cuatrillones: la cantidad de átomos que hay en el Universo, átomo arriba, átomo abajo.

Pero quedémonos en Mil trillones: es el número de estrellas que hay en el Universo. Así es de enorme el Universo en donde nos ha tocado nacer.

Hay quien piensa que el origen de los números se pierde en la noche de los tiempos y que hay que buscarlo en la necesidad de contar del ser humano. Sin embargo, los números son una abstracción humana, como los conceptos de suma, resta o potencia. Toda cosa o lugar que exista, o que imaginemos, ¡por muy fantástica que sea, en éste o en cualquier otro universo!, no podrá jamás eludir sus inflexibles reglas.

Los números nos hacen viajar a través del espacio y el tiempo, y ni los argumentos más grandilocuentes pueden imponerse a sus razones. Son la esencia de la ciencia, el progreso y el conocimiento humano. Hacer un viaje a los números es conocer el universo en su grandeza y en su pequeñez. Hay quien asegura que, incluso, conocer a Dios. De momento nos hace más comprensible la eternidad y el infinito.

viernes, 17 de julio de 2009

ALUNIZAJE en Blanco y Negro


Hace cuarenta años: Noche calurosa de verano alicantino. Recuerdo aquellos versos de Machado que decían: “mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla...” pues bien, en este caso: “... de Alicante”; decorado con las macetas de rigor y balsita incluida en uno de sus ángulos. Me veo sentado aquella noche muy expectante frente a un televisor en blanco y negro, el mismo donde solíamos ver: “Cesta y Puntos”, “Historias para no dormir” ,”Bonanza” y “Star Trek”. No hay clase al día siguiente, estamos en vacaciones, no hay que madrugar.

Cuatro días antes, 16 de Julio de 1969, el Apolo XI había partido desde Cabo Cañaveral rumbo a la Luna. Misión: pisar su polvoriento, pero a la vez enigmático, suelo. Había llegado el momento. Aquella noche del 20 de Julio una generación de adolescentes contemplábamos en directo el primer paso de un hombre sobre otro astro. Hubo mucha gente, especialmente octogenarios, que nunca creyeron semejantes aventuras. Pero no acabó ahí la cosa, sino que no han sido pocos los que han continuado afirmando que los alunizajes de los Estados Unidos en la Luna fueron un montaje, una gigantesca conspiración para aparentar su victoria en la carrera espacial contra la Unión Soviética.

Las principales argumentos esgrimidos por los conspiracionistas han sido, y son, algunas de las fotografías enviadas por las misiones, las cuales parecen mostrar, según su parecer, incoherencias que evidenciarían un supuesto montaje, demostrando que todo fue un engaño de la NASA.

Lo que pocas veces dejan claro es si niegan solo la llegada del Apolo XI a la Luna, ó también, el resto de las otras misiones, es decir: la 12, la 14, la 15, la 16 y la 17, en las cuales los astronautas realizaron muchos experimentos científicos, incluyendo la recolección de cientos de kilos de muestras del suelo y rocas. Pero hace años a algún genio se le ocurrió la idea de afirmar que todo fue un truco, una filmación en un estudio, quizás recordando aquella excelente película de “Capricornio 1” ó el menos acertado "Mirlo Rojo" de J.J. Benítez.

Pero veamos:

Una de las "pruebas" principales que intentaba apoyar la idea de la conspiración era que las huellas de los lunar róver, los vehículos transportados a la Luna en las últimas misiones, dan giros de casi 90 grados, lo cual consideran imposible. Esto puede explicarse simplemente leyendo el manual técnico del lunar róver para saber que tenía un sistema de tracción horizontal para facilitarle la maniobrabilidad en un espacio reducido.

Otro argumento es que la bandera estadounidense estaba "muy recta para ser natural", pero también desconocen que el mástil tenía un soporte metálico perpendicular, justamente para mantener la bandera recta. Y ¿por qué la bandera se mueve si no hay aire en la Luna? Pues, precisamente por esta misma razón. En el vacío un objeto impulsado no encuentra resistencia atmosférica y puede oscilar durante mucho tiempo.

También se afirma que en las fotografías no aparece estrella alguna en el oscuro cielo; pero cualquier astro-fotógrafo sabe que al fotografiar un primer plano brillante, como la superficie lunar, se elimina el registro de un cuerpo poco luminoso en segundo plano.

Pero lo más contundente es que cientos de radio-operadores y astrónomos en todo el mundo lograron rastrear las misiones Apolo y seguir sus trayectorias hasta la Luna. Incluso se observaron los restos de los módulos lunares en la superficie, y una de las misiones de la Unión Soviética fotografió el sitio de alunizaje del Apolo 11 en el Mar de la Tranquilidad. El Apolo 11 también fue rastreado por el poderoso telescopio del observatorio Jodrell Bank en Gran Bretaña.

Pero la prueba más importante es que si todo hubiera sido un fraude, sería en verdad el mayor de la historia, involucrando a más de 400.000 personas entre astronautas, técnicos, científicos, operadores y empleados, además de sus familias y amigos, todos aliados en un ”pacto secreto” extraordinario.

Todos los argumentos que esgrimen los que defienden que el hombre no llegó a la Luna pueden rebatirse. Es más, es curioso cómo algunos dicen primero que "no se fué a la Luna” y luego dicen que "si se fué, pero que la Nasa oculta que se vieron Ovnis allí". Entonces, ¿en qué quedamos?.

La Luna es nuestro satélite. Pero no solo eso, desde los cazadores primitivos hasta los poetas románticos, la Luna ha acompañado la vida de los hombres. Si no se ha vuelto a la Luna es porque es carísimo enviar allí hombres. Tras la última misión de los Apolo en 1972, se decidió que ya no tenía más utilidad y se cerró el grifo. Es una explicación muy poco romántica, lo sé, pero, según mi opinión, es la auténtica.

Para romanticismo me quedo con el recuerdo de aquella noche de verano en el difícil entorno de una agónica dictadura. Tampoco los conspiracionistas nos estropearán el privilegio de toda una generación que nos abríamos paso hacia la adolescencia, la mejor época para soñar, y además, como en la mayoría de los sueños, sucedió en blanco y negro.

Manuel Capella
http://www.manuelcapella.net

viernes, 19 de junio de 2009

¡¡PREOCUPADOS!!


Sería lo habitual, en estas fechas, haber escrito algo sobre el solsticio de verano, o sobre la noche mágica por excelencia, que es la del día de San Juan, o algo sobre el significado mágico que subyace en las hogueras de mi ciudad, Alicante, o sobre el reciente lanzamiento del cohete Atlas V, primer paso y antesala de un nuevo proyecto especial que devengará en un nuevo paseo del hombre sobre la Luna en el 2020. ¡2020! Madre, mía, lo que habrá sucedido de aquí hasta entonces en nuestro planeta dado los tiempos que corren. Desde luego que tenemos motivos para estar preocupados. No obstante, motivos para estar preocupados nunca nos van faltar.

Recuerdo, a pesar del tiempo transcurrido, unos veinticinco años, a una buena señora, y compañera, que asistía conmigo a las clases de Astrología que impartía Tito Maciá, entonces profesor, después gran amigo mío, en la alicantina calle Bazán. Su nombre, si mal no recuerdo, era Pepita. Se trataba de una señora un poquito mayor que yo por aquel entonces, muy inquieta, nerviosa, simpática y de las que suele caer bien a todo el mundo. También muy dicharachera y que no "se cortaba un pelo” en preguntar siempre aquello que creía oportuno, sobre todo si tenía relación con su carta astral y con todo aquello que ella consideraba que la astrología pudiera revelar sobre su vida. 

Pepita tenía la costumbre siempre, al terminar las clases, y carta astral en mano, de aproximarse hacia Tito Maciá para preguntarle aspectos pertenecientes a su vida. Mientras el resto de alumnos nos marchábamos, ella se quedaba siempre un rato más charlando con Tito intentando sonsacarle algo. Pepita parecía siempre angustiada y preocupada por un sinfín de cuestiones. Cuando no era por la clase de amigos con los que frecuentaba su hijo, era por el trabajo del “noviete” de su hija, cuando no era por los problemas económicos por los que atravesaba la empresa en la que trabajaba su marido, era por la frágil salud de su madre... y así todos los días.

Cierto día, Tito Maciá, supongo que un poco cansado de “hacer horas extras” debido a las insistentes preguntas de su alumna, decidió interpretar la carta de Pepita ante el resto de la clase para que todos aportáramos nuestras opiniones sobre la vida de Pepita y sus circunstancias. Cuando hubimos terminado, ella, y tras haber escuchado atentamente todo cuanto supimos decirle aquella tarde, dejó escapar un suspiro: - "¡Qué vida tan complicada!" - exclamó. Y en forma de lamento preguntó en voz alta: “¡Ay, cuándo dejarán de pasarme cosas!”. Se hizo un silencio. Pero alguien desde el fondo de la habitación respondió con voz decidida: “¡Cuando te mueras!”.

Y es que las personas pasamos la mayor parte de nuestro tiempo preocupadas. Casi diría yo –y creo que no exagero demasiado- que vivimos permanentemente preocupados. Nos preocupamos por los estudios, después por el trabajo, por el estatus, por el dinero, por nuestros hijos, por nuestros padres, por el vecino impertinente, por nuestra salud, por la hipoteca, por el colesterol, por el cáncer, por Obama, por Zapatero, por Rajoy, por la alopecia, porque no gana nuestro Real Madrid o Barcelona, por la conexión a internet, por dejar de fumar, por la ansiedad que tendremos tras dejar de fumar... y así día tras día. Ni siquiera cuando nos vamos de vacaciones dejamos de estar preocupados: hay que preparar la maleta, ir a la agencia de viajes, comparar precios, reservar el hotel, mirar a qué hora sale el avión, buscar el mejor itinerario... y otra preocupación que subyace latente siempre: ¿y si nos roban?, o aún peor... ¿y si tenemos algún accidente?.

Bien es verdad que hay “preocupaciones” y “preocupaciones”. Para muchos millones de humanos, su preocupación al levantarse por la mañanas es si podrán comer ese día. En el otro lado, existen las preocupaciones neuróticas que prácticamente carecen de importancia pero que curiosamente no podemos deshacernos de ellas. Si las preocupaciones nos han servido para conseguir objetivos anhelados las damos por bienvenidas. Las peores son las que han correspondido a las “batallas perdidas”. Perder batallas en las que, a lo largo de los años te has ido dejando no sólo el tiempo y las energías, si no las ilusiones, las esperanzas y hasta la piel.

Que nadie piense que los millonarios no tienen preocupaciones; claro que se preocupan... y mucho. André Kostolany uno de los mejores inversores en bolsa de la historia dijo:. “Cuando, pese a todo se gana dinero en la bolsa es el salario del dolor, primero llega el sufrimiento y después el dinero”. Tener dinero es una fuente de preocupación constante, sino, amigo lector, pásate alguna noche por los foros de economía y observarás cuanto se preocupa la gente de como invertir bien su dinero: ¿invierto mejor en Telefónica? ¿no será mejor en Endesa? ¿y por qué no en mercados emergentes? ...¡no, mucho riesgo!... ¡mejor en renta fija!... porque ¿subirán los tipos de interés?... ¡no mucho!, así que mejor me arriesgo e invierto en Bolsa... pero... ¿y si se produce un crack y me arruino?.

Las personas que son felices también viven preocupadas. ¿Acaso no hay mayor preocupación que perder la felicidad?. Pero, por si fuera poco, el ser humano no solo se preocupa por las cosas que le están pasando, es decir, por su presente, sino que también se preocupa por las cosas que le pueden suceder. Para regocijo de videntes y adivinos, millones de personas se preocupan por su futuro más, incluso, que por su presente. Y algunos de nosotros hasta también nos preocupamos por cosas que ni siquiera sabemos si existen o no, que pertenecen al terreno de lo espiritual, lo metafísico, lo desconocido: ¿Existirá vida después de la muerte? ¿Existirá un propósito para nuestra vida? ¿Existe un Dios que lo diseñó? ¿Y si existe, por qué se olvidó de mí? ¿Qué puñetas hago yo en este complicado mundo? ¿Existe vida en el espacio? ¿También “ellos” tendrán sus “preocupaciones”?.

Algunos, entre los que me incluyo, pertenecemos a un grupo considerado como “amantes del misterio”. Dentro de él existen diversidad de colectivos: unos estamos preocupados por suplir a través del misterio carencias existenciales. Otros estamos preocupados por “pisarnos” y desacreditarnos entre sí. Otros por vivir del cuento. Otros por forrarse a costa de los ignorantes. Otros, supongo que bastantes, por procurar hacer las cosas bien hechas y con honradez.

Y es que, en esta vida, pasamos ratos comiendo, bebiendo, riéndonos, haciendo poesía, haciendo el amor, haciendo la guerra, torturando, haciendo nuestras necesidades, divirtiéndonos, besándonos, aburriéndonos, llorando, soñando con un mundo mejor... pero todo ello lo hacemos a ratos. Pero lo que no dejamos nunca de hacer, sea de forma consciente o inconsciente, es estar preocupados. Porque ni siquiera mientras dormimos estamos a salvo de nuestras preocupaciones, éstas se manifiestan a través de los sueños y si las preocupaciones nos afectan de forma intensa las pesadillas nos avisan de ello.Si todo finaliza con la muerte, será entonces cuando dejemos de estar preocupados definitivamente, pero mientras estemos vivos permaneceremos preocupados. ¿Y si existe algo más? ¿Y si el Cielo fuera la ausencia de preocupaciones?. ¿Por qué no?, Porque en caso contrario, incluso la felicidad eterna nos ocasionaría preocupaciones, y muchas, ya lo creo ¿Acaso no temeremos perder un bien tan valioso?.

El inolvidable periodista y escritor español César González Ruano durante toda su larga vida padeció una constante "mala salud de hierro", de forma que muchas veces se le deshaució y se le dió falsamente por muerto. En cierta ocasión y a la vista de un reciente fallecido le decía a su interlocutor:- “¿Te has dado cuenta de que es mentira que los muertos parezca que están dormidos?. Lo que parece es que están muertos. Todos tiene cara de preocupados.” ¡Vaya, don César...qué cosas decía usted!.

Y me acuerdo de Pepita ¿qué habrá sido de ella?. ¡Jo, cómo pasa el tiempo!, veinticinco años, decíamos antes. No la he vuelto a ver. ¿Habrá dejado de tener preocupaciones?. "¡Ojalá que no! ¡Ojalá sigas con ellas Pepita, porque mientras estemos vivos no nos resta otra alternativa!". Aunque, bien mirado, si el bueno de don César González Ruano tuviera razón en su apreciación sobre la expresión de los muertos, entonces la muerte no sería el final de todo. ¡Qué alegría, verdad! Nos habríamos convertido en seres portadores de inmortalidad, nuestra mayor aspiración. Pero, no lo olvidemos nunca, también en almas eternamente preocupadas.

Manuel Capella
www.manuelcapella.net

martes, 2 de junio de 2009

Retrato de una madre


Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor, y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados; una mujer que, siendo joven, tiene la reflexión de una anciana, y en la vejez, trabaja con el vigor de la juventud; una mujer que, si es ignorante, descubre los secretos de la vida con más acierto que un sabio, y si es instruída, se acomoda a la simplicidad de los niños; una mujer que siendo pobre, se satisface con la felicidad de los que ama, y siendo rica daría con gusto su tesoro por no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud; una mujer que siendo vigorosa se estremece con el llanto de un niño, y siendo débil se reviste a veces con la bravura de un león; una mujer que mientras viva, no la sabremos estimar, porque a su lado todos los dolores se olvidan, pero después de muerta, daríamos todo lo que somos y todo lo que tenemos por mirarla un solo instante, por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar un sólo acento de sus labios.

De esta mujer no me exijáis el nombre, si no queréis que empape con lágrimas vuestro álbum, porque ya la ví pasar en mi camino.

Cuando crezcan vuestros hijos, leédles esta página y ellos, cubriendo de besos vuestra frente, os dirán que un humilde viajero en pago del suntuoso hospedaje recibido, ha dejado aquí, para vos y para ellos, un boceto del retrato de su madre.